La autosuperación y la autovaloración en el oficio del relator ecuatoriano constituyen el verdadero motor de una profesión que, a menudo, es juzgada únicamente por el resultado de los noventa minutos de juego. Detrás del micrófono existe un esfuerzo invisible y un proceso de dignificación constante que empieza mucho antes de que se encienda la luz roja de la transmisión. El relator local ha tenido que evolucionar a través de la autosuperación, entendiendo que la pasión no es suficiente si no está respaldada por una rigurosa preparación académica, el dominio del lenguaje, ejercicios constantes de vocalización y un conocimiento enciclopédico de datos, táctica y reglamentación. Este camino de constante autoexigencia es el que transforma la vocación en un perfil profesional respetable, capaz de sostener la arquitectura emocional de un partido de fútbol con total solvencia técnica.
A lo largo de la historia de la comunicación en el país, las trayectorias de los narradores están marcadas por profundas historias de superación. Muchos profesionales comenzaron desde abajo, cargando cables en las canchas alternas, modulando su voz en pequeñas cabinas de radios AM locales o costeando sus propios estudios de periodismo en busca de una oportunidad en las grandes cadenas de televisión. Esta búsqueda de dignificación también se libra en el terreno económico y laboral; el oficio ha enfrentado históricamente una realidad de salarios dispares, inestabilidad y la necesidad de autogestionarse, lo que ha obligado a los relatores a convertirse en profesionales multifacéticos capaces de producir, editar y gestionar sus propios espacios digitales. Al final, cada barrera superada y cada hora invertida en investigación periodística alimentan el orgullo de ser la voz del deporte, consolidando al relato no como un simple pasatiempo, sino como una profesión de alto valor cultural que merece ser reconocida y respetada por las nuevas generaciones de aficionados.
La Posta de la Resiliencia: Análisis Cruzado de Testimonios y Saberes
Al adentrarse en la realidad del periodismo deportivo ecuatoriano, se evidencia que la transición de una práctica empírica a una disciplina con estatus científico ha sido un proceso doloroso pero sumamente enriquecedor. Las vivencias de los relatores locales demuestran que la consolidación del oficio no responde a un golpe de suerte, sino a una resistencia espartana ante las limitaciones del medio. Históricamente, las cabinas de las emisoras AM en la Sierra y la Costa funcionaron como los primeros laboratorios de experimentación vocal, donde la falta de tecnología se suplía con ingenio y disciplina. En este entorno, la figura del relator se configuró bajo la presión de narrar en vivo sin monitores de retorno, sin datos estadísticos inmediatos y dependiendo exclusivamente de la agudeza visual y la riqueza del léxico personal.
Esta escuela clásica, profundamente marcada por el esfuerzo de pioneros y dinastías familiares como la de Carlos Efraín y Roberto Omar Machado, sentó las bases de una ética de trabajo que entendía al oyente como un juez implacable. En el periodismo deportivo de finales del siglo XX, la autosuperación significaba romper el aislamiento informativo en una era pre-digital. Para figuras de amplia trayectoria como Roberto Omar Machado, la dignificación profesional estuvo ligada a la capacidad de mantener la vigencia mediante la reinvención diaria. En una entrevista concedida a la prensa digital, Machado abordó la necesidad de desmitificar los logros del pasado para abrazar las dinámicas modernas, señalando que «el periodismo deportivo te exige renovarte todos los días. Si crees que porque transmitiste un Mundial ya tocaste el cielo, estás liquidado» (citado en Primicias, 2022, párr. 4). El análisis de esta postura revela que, dentro de la cultura radial ecuatoriana, el verdadero peligro para el comunicador no es la falta de oportunidades iniciales, sino la complacencia intelectual. Para la familia Machado, superar las limitaciones técnicas de los años ochenta implicó un ejercicio de autogestión que transformó al narrador en un productor de sus propios contenidos, un paso fundamental para arrebatarle el control de la agenda deportiva a las estructuras empresariales tradicionales.
Con el cambio de siglo y la llegada de la era digital, la exigencia del oficio se desplazó desde la descripción poética del espacio hacia la construcción de narrativas con una base cultural e intelectual sólida. Llevar un apellido de enorme peso histórico en los medios locales, lejos de ser un camino llano, impone una doble obligación de autoexigencia. Alfonso Lasso Ayala ha reflexionado ampliamente sobre cómo la herencia académica del relato debe ser defendida de la superficialidad contemporánea. En un ensayo publicado en el portal digital de debate periodístico La Barra Espaciadora, Lasso (2024) sostiene con firmeza una postura crítica frente al ejercicio actual del micrófono:
El relator no puede ser un ignorante ilustrado que solo se sabe los nombres de los jugadores. Tienes que leer literatura, entender de historia, conocer la geopolítica de los clubes. La autosuperación en nuestro campo implica estudiar el doble de lo que la gente cree. El verdadero respeto por esta profesión se demuestra en la cabina, cuando eres capaz de salvar una transmisión de tres horas sin caer en el cliché o la vulgaridad (párr. 12).
Este argumento de Lasso es crucial para la tesis porque redefine el concepto de autosuperación: ya no se trata únicamente de escalar posiciones en una empresa de comunicación, sino de elevar el nivel del discurso público. El relato es interpretado aquí como un hecho civilizador donde la palabra tiene la responsabilidad de educar estéticamente al oyente. Por lo tanto, la autovaloración del relator moderno pasa por blindar su léxico mediante la lectura y la formación continua, evitando que la inmediatez del internet degrade el lenguaje deportivo a un mero intercambio de gritos y frases hechas.
Esta necesidad de hiperpreparación se vuelve aún más acentuada cuando se analiza a la generación de relevo que debió abrirse espacio en un mercado saturado y condicionado por la crisis de los medios tradicionales. El comunicador contemporáneo se ve obligado a ser un profesional transmedia. Andrés Villamarín encarna con precisión este perfil donde la autosuperación implicó pasar de los roles más básicos de la cobertura de campo a la dirección de plataformas multimedia. En un conversatorio digital sobre los nuevos desafíos de la comunicación en la LigaPro, Villamarín expuso cómo la dignificación laboral se alcanza mediante la anticipación académica, manifestando que «la única forma de dignificar este trabajo es demostrando que estás listo para la oportunidad antes de que esta te llegue» (citado en El Universo, 2025, párr. 7). El análisis de su testimonio demuestra que el relator de la nueva escuela ya no puede depender exclusivamente de sus condiciones naturales de voz o de su carisma; la validación ante el público moderno se construye mediante el dominio de herramientas de analítica avanzada, la comprensión profunda de la táctica y la capacidad de gestionar comunidades digitales de forma independiente. Para esta generación, la superación personal es un mecanismo de defensa frente a la precarización económica, donde la marca personal se convierte en la principal garantía de estabilidad laboral.
Finalmente, el proceso de maduración de la profesión encuentra su punto de apoyo en la deconstrucción científica del juego. La opinión basada en la mera pasión visceral está siendo desplazada por un periodismo explicativo que exige credenciales técnicas. Juan José Laso ha liderado esta corriente argumentando que la credibilidad del analista y del relator moderno debe estar respaldada por el estudio riguroso de la metodología del entrenamiento y la táctica futbolística. En una serie de publicaciones académicas difundidas en la red, Lasso (2023) afirma que «la autovaloración del periodista y relator pasa por el respeto a la verdad táctica. No podemos seguir relatando el fútbol con los conceptos de hace cuarenta años» (párr. 9). Esta declaración pone de manifiesto que la autosuperación en la actualidad requiere romper las fronteras de la propia carrera de comunicación para adentrarse en los campos de la dirección técnica y la ciencia del deporte. El relator se transforma, bajo esta óptica, en un pedagogo que traduce la complejidad del sistema de juego para el aficionado común, elevando el debate futbolístico del país a estándares internacionales.
De la Cabina Empírica al Entorno Transmedia: Una Evolución Estructural
Al contrastar la evolución histórica del relato en el Ecuador, se hace evidente que las dimensiones de aprendizaje, tecnología y narrativa han configurado dos escuelas perfectamente diferenciadas pero interconectadas. La escuela clásica, de carácter predominantemente empírico y radial, fundamentó su crecimiento en la imitación de los grandes referentes sudamericanos y en una formación forjada directamente en el puesto de trabajo. Su principal desafío fue dominar las limitaciones técnicas de las frecuencias AM y las consolas manuales, obligando al relator a desarrollar un estilo descriptivo, pausado y altamente metafórico. Este estilo poético era indispensable para que el oyente, en ausencia de imágenes, pudiera «dibujar» la cancha en su mente. Sin embargo, la dignificación laboral en esta época era una batalla solitaria, caracterizada por la informalidad contractual y una profunda dependencia de la pauta comercial que el propio periodista debía vender para sostener su espacio al aire.
En contraste, la escuela contemporánea se define por su naturaleza académica y multimedial. El aprendizaje ya no es únicamente intuitivo; ahora se respalda en títulos universitarios, especializaciones en oratoria, foniatría y certificaciones en análisis de datos deportivos. El reto tecnológico ha cambiado radicalmente: ya no se lucha contra la escasez de información, sino contra la infoxicación y la necesidad de dominar los algoritmos de plataformas como X, Instagram y los canales de streaming. La narrativa actual es dinámica, hipertextual y se apoya en estadísticas en tiempo real, buscando un lenguaje horizontal que conecte de manera inmediata con las audiencias jóvenes. La dignificación en esta era se libra en el terreno de la independencia, donde la creación de marcas nativas digitales permite a los relatores diversificar sus ingresos y autogestionarse, liberándose de los monopolios de los canales de televisión tradicionales y consolidando al relato no como un oficio menor, sino como una profesión de alto valor cultural
Referencias
El Universo. (2025, 4 de febrero). Andrés Villamarín y los desafíos del periodismo transmedia en la LigaPro. https://www.eluniverso.com/deportes/futbol/andres-villamarin-periodismo-digital-ligapro/
Lasso, A. (2024, 15 de marzo). La responsabilidad de la palabra en la transmisión deportiva. La Barra Espaciadora. https://www.labarraespaciadora.com/deportes/alfonso-lasso-periodismo-palabra/
Lasso, J. J. (2023, 10 de noviembre). Evolución de los conceptos tácticos en los medios de comunicación del Ecuador. Revista Digital de Comunicación y Deporte, 4(2). https://www.comunicacionydeporte.ec/articulos/juan-jose-lasso-tactica/
Primicias. (2022, 22 de septiembre). Roberto Omar Machado y las cuatro décadas del micrófono deportivo en la Sierra. https://www.primicias.ec/noticias/jugada/roberto-omar-machado-trayectoria-radio-quito/


